Una mujer usando Linux, parte III (y final)

ace unos días publiqué una entrada sobre un computador al borde la muerte que fue salvado con Elementary, un sabor de Ubuntu, distribución de Linux.

Poco después, el computador no prendió más y escribí la segunda parte de esta serie, donde hablé de Manjaro (sabor de la distribución Arch), la segunda salvación a mi computador que fue con la que finalmente me quedé, pese a que tenía unos colores de metalero horribles que logré solucionar medianamente.

Han pasado 84… no, ha pasado un año desde que decidí utilizar una distribución de Linux en mi computador desahuciado, y no, aún no puedo cambiar mi computador y sigo siendo pobre (ayuda). Así que llevo un año, efectivamente, usando Manjaro.

Y más allá de una vez que traté de instalar un escritorio y casi morí, no he tenido mayores problemas en utilizarlo, así que supondrán que sigo en Manjaro, con el escritorio de Gnome. Y no solo eso: he abierto Windows en mi computador dos veces en estos últimos meses.

Cuando pienso en todos los sistemas operativos existentes, en especial esos que se pagan o que vienen con un aparato que vale unos tres sueldos mínimos, pienso que Linux realmente no tiene nada que envidiarle a ninguno. Y lo mejor de todo es el sentido de comunidad existente dentro de estos sistemas, donde los mismos usuarios realizan mejoras, responden dudas y cosas así.

Linux, como expliqué en el artículo anterior, no es para nada complicado. Es más rápido que Windows y cualquiera puede aprender a usarlo; solo hay que ir probando qué versiones andan bien en tu computador para que no se te vaya a negro como a mí me pasó con Elementary.

El otro día me contaban que “el padre del software libre”, Richard Stallman, comenzó su causa porque no podía entender que los desarrolladores de dispositivos no compartieran su software para que la misma comunidad los corrija, sólo por culpa de una impresora. Es raro pensar en que no lo hacen porque alguien más podría ganar plata con su idea, porque todo siempre se reduce a generar ingresos, muchas veces obscenos y estratosféricos.

A pesar de que con plata baila el mono, no todo es dinero y cuando las cosas se hacen desde el piso 100 de un edificio lujoso, no siempre llegará para arriba la voz de lo que más importa: los usuarios.

No obstante, Linux tiene mucho que avanzar: compatibilidades de programas, diseños hechos por usuarios que no siempre son manejables o completos. Si queremos que algún día haya un año de Linux, necesitamos sistemas operativos que no requieran siempre googlear una solución que se tipea en la consola.

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